Una carta a mi amigo, Sergio Serranova




Hermanito querido: en esta noche, en la que las nubes ocultan a los astros, escribo estas líneas ya más de un año después de que fuiste asesinado.


Mi amigo está muerto. Un cobarde le arrebató la vida; Un intruso apagó el volumen de la consola en pleno concierto. ¿Y dónde quedó la justicia, dónde quedó la memoria?

Una canción que me gustaba mucho de adolescente decía “No se muere cuando el corazón deja de latir, se muere cuando en los recuerdos dejas de existir.” Y con estas humildes y sencillas líneas hoy te digo: Sergio, mi querido amigo…tú sigues vivo, sigues aquí para todos a quienes nos otorgaste el invaluable privilegio de conocerte en verdad, sin máscaras ni poses.

No ruedan las lágrimas por mis mejillas porque extraño al empresario exitoso, ni al miembro de la academia de los Grammys, ni al promotor de espectáculos más icónico que nuestro México haya conocido. Lloro por mi amigo. Ese muchachito asustado de gran corazón que me entregó piezas de su realidad y sus sueños más descabellados, con la confianza con la que compartes lo que realmente importa.

Casi todos los medios retrataron de forma irrespetuosa y amarillista tu muerte, pero tú mejor que nadie sabe carnalito, que a veces ese es el precio de la fama. En lo personal, yo nunca estuve de acuerdo. Pero una cosa si te digo, es mejor apagarse que desvanecerse lentamente – como diría Kurt Cobain.


Hoy en la mesa hay una michelada bien fría con tu nombre escrito y las bocinas a todo volumen gritan los acordes que te hicieron quien fuiste. (Bro, ¿se escucha la música hasta el cielo?)

Una vez más, las luces de la ciudad que te vio atrapar a diez mil estrellas y cristalizar tus más grandes sueños con verdad y con valor se encienden, las fiestas se acercan nuevamente. ¿Y tú…? ¿Quién vela por ti Sergio querido?

La respuesta es simple: yo lo hago. Y sé, más allá de cualquier duda, que toda esa gente a la que como a mi, impactaste con tu naturaleza genuina, con tu espíritu indomable y tu generosidad de alma también vela por ti, esta y todas las noches.

La palabra que regresa a mi mente, revoloteando una y otra vez es justicia. ¿Existe? ¿Acaso se le puede poner un precio… o un valor equivalente de mercado a la vida de un artista…de un ser humano dulce y frágil, de un hijo, un amigo, un líder, un soñador empedernido? Imposible.


Sabes mi Serch…me quedo con todo lo bueno. Me quedo con tu locura magnífica, con tu dedicación incomparable, con tu generosidad, con tu hambre de vida, y con cada pieza de tu alma que elegiste compartir conmigo.

Más de un año después de que alguien a quien invitaste a tu hogar y a tu mundo robara lo que no le correspondía tomar, yo te digo…en nuestros corazones sigues vivo, el brindis dice: por Sergio Serranova…y el sueño que en vida eligió bautizar como ´Glittergroove´.

Todo lo demás, no está en mis manos. Pero lo que si puedo hacer es escribir de nuevo tu nombre, y que la cobardía no encuentre refugio en la oscuridad del olvido.

JUSTICIA PARA SERGIO.

JUSTICIA PARA SERGIO.

JUSTICIA PARA SERGIO.